RESUMEN
Responder a Dios y confiar en él conduce a participar de Su reposo. Este descanso quita las cargas de Su pueblo, pero puede parecer difícil entender esto al principio. Entrar en el reposo de Dios involucra dejar las obras, y esforzarnos por depender de Dios. Esto solo puede ser entendido y aplicado a través de la gracia y la misericordia, que están disponibles a través de Cristo.
Introducción
Esta semana, quiero elaborar un tema que se mencionó la semana pasada: entrar en el reposo de Dios. La semana pasada en Hebreos 3, aprendimos que podemos perder esta bendición respondiendo a la voz de Dios con un corazón endurecido. Esta semana en Hebreos 4, aprenderemos más acerca de qué es este reposo y cómo podemos entrar en él.
¿Qué es este reposo?
Vayamos al pasaje (leer 4:1-9). ¿De qué está hablando? Una cosa es clara, está diciendo que la bendición del reposo de Dios está disponible para nosotros hoy. Él afirma esto tres veces (4:1,6,9). Su punto es que, aunque el Antiguo Testamento habla de dos “reposos”, también habla claramente de otro futuro y mayor reposo, al que el pueblo de Dios podría entrar. (Línea de tiempo)
Estaba el reposo del sabático semanal, el descanso del trabajo físico los sábados.
Ge. 2:2,3 dice que Dios descansó después de la creación de la tierra, no porque estuviera cansado, sino porque había terminado el trabajo. Y los israelitas estaban invitados a entrar en el reposo creativo de Dios, no trabajando los sábados y confiando que Dios proveería para ellos. En un mundo de vida de subsistencia (y en el Desierto), esto era inaudito. Sin embargo, como los israelitas expresaban fe en su Dios de esta manera, era un testimonio para las otras naciones de que su Dios era real, poderoso y fiel para su pueblo.
Pero este no era el único reposo que Dios ofrecía a Israel en el Antiguo Testamento. También les ofreció la Tierra Prometida y descanso de sus enemigos. Dijo que iría delante de ellos y derrotaría a sus enemigos, para que pudieran vivir seguros en la tierra que les había dado (Dt. 12:9-10). Todo lo que tenían que hacer era confiar en él y entrar en la tierra; y él los protegería para que se establecieran en la tierra y vivir seguros. Como aprendimos la semana pasada, la generación del Éxodo renunció a este reposo porque rehusaron confiar en la promesa de Dios de entrar en la tierra. Pero la generación siguiente confió en Dios, y siguiendo a Josué entraron en este reposo.
Pero todavía este no era el último reposo que Dios ofrecía a su pueblo. 400 años más tarde, con los israelitas viviendo seguros en la tierra, David en el Salmo 95 habla de otro reposo al que el pueblo de Dios podría entrar. Esto implica que un mayor Josué (la versión hebrea del arameo “Jesús”) podría todavía proveer un mayor reposo, el reposo de la salvación que el Mesías ofrecería cuando él viniera. Ambos reposos anteriores señalaban/anunciaban a este reposo mesiánico. Ahora Jesús el Mesías ha venido, y su reposo de salvación está disponible para todo aquel que venga a él.
Jesús habló de este reposo en Mt.11:28-30 (leer). ¡Qué bella imagen! Él llama a aquellos que están cansados de tratar de empujar cargas que son demasiado pesadas para ellos. Obviamente no está hablando de cargas físicas, sino más bien de vivir en este mundo roto con nuestros propios recursos insuficientes. Dice que puede llevar esta carga porque es fuerte, y nos invita a tomar este yugo, viniendo a él y aprendiendo de él. Si hacemos esto, experimentaremos descanso para nuestras almas; la maravillosa bendición de su presencia y poder capacitándonos para llevar esta carga.
F.B. Meyer describe este descanso de esta manera: “Para todos nosotros Cristo ofrece ‘descanso’ no en la (próxima) vida solamente, sino también en esta vida. Descanso del peso del pecado, de la preocupación, de la carga de la ansiedad diaria y la aprensión. El descanso que viene de llevar todas las preocupaciones a Cristo y recibir de Cristo todo lo que necesitamos. ¿Has entrado en esa experiencia?”
¡Qué pena sería tener este tipo de descanso dispuesto para nosotros, y no aprovecharlo! Esto hace surgir la pregunta obvia, ¿cómo entramos en este reposo?
¿Cómo entramos en él?
El autor ya nos ha dicho que la clave para entrar en el reposo de Dios es la fe; creer en su promesa de provisión (4:2-3). Pero ¿cómo es esta fe? El resto del capítulo 4 responde esta pregunta. 4:10-13 explica la naturaleza esencial de esta fe, y 4:14-16 explica el objeto correcto de esta fe.
4:10-13 explica la naturaleza esencial de la fe. Escuchen atentamente, esta es la parte más difícil de captar.
Leamos 4:10-11. La fe involucra tanto dejar tus obras como hacer todo esfuerzo. Esto suena como una paradoja sin sentido (por ej.: el koan budista: “Piensa en el sonido de una mano aplaudiendo”). Pero este no es el caso. Hay sentido en que la fe bíblica involucra tanto la pasividad como el esfuerzo.
Requiere pasividad en el sentido de que dejas de depender de tus propios recursos y dependes en cambio de los recursos de Dios. La fe es decir: “No puedo hacer esto, solo Dios puede hacerlo”. (EJEMPLO)
Sin embargo, requiere esfuerzo escoger depender de Dios. Instintivamente confiamos en nuestros propios esfuerzos y recursos en vez de los de Dios. Este es el corazón de lo que significa estar caído. Así que, la fe es contradictoria, un escoger deliberado que comúnmente está en contra de nuestros sentimientos y “sabiduría”. Era contradictorio para los israelitas no trabajar los sábados cuando no tenían exceso de comida. Era contradictorio para los israelitas entrar en la tierra llena de enemigos fuertes.
¿Qué nos convence de que necesitamos dejar de confiar en nuestros propios recursos y en cambio, depender de Dios y su provisión? La respuesta está en la Palabra de Dios (leer 4:12-13). Nótese la palabra “ciertamente” en 4:12. Cuando leemos la palabra de Dios o la escuchamos compartida/enseñada por otros, Dios mismo abre nuestros ojos para ver cuán desesperadamente necesitamos depender de su provisión. Revela la discrepancia entre lo que tenemos y lo que Dios quiere que tengamos, expone la razón para esta discrepancia (falta de fe), y crea una “tensión” saludable que nos motiva a cerrar la brecha dependiendo de Dios.
Pienso que muchos de ustedes experimentaron este efecto de la Palabra de Dios la semana pasada cuando compartí lo que Dios dice acerca de un corazón endurecido. Muchos de ustedes se dieron cuenta (como me ha pasado muchas veces) que habías abandonado la presencia transformadora de Dios en tu vida diciendo “no confío en ti” en un área específica. Fue la Palabra de Dios que buscó tu corazón y expuso esto y te motivó a clamar a Dios: “No he estado confiando en ti, Dios. Te he estado llamando mentiroso. Quiero confiar en ti de nuevo, así puedo estar cerca de ti”. Esta fue la Palabra de Dios exponiendo tu necesidad y motivándote a confiar humildemente en Dios.
Muchos de ustedes están experimentando el mismo efecto de la Palabra de Dios esta mañana mientras escuchamos lo que dice acerca del reposo de Dios. (Tuve la misma experiencia esta semana mientras estudiaba para esta enseñanza). Tu corazón es atraído hacia el descanso que Jesús ofrece, y te das cuenta de que no tienes este descanso, y esto significa que no te estás relacionando adecuadamente con Jesús, de otra manera tendrías este reposo. Esto es lo que hace la Palabra de Dios, nos muestra la falta de fe, y nos señala a Jesús como el objeto correcto de nuestra fe…
Leamos 4:14-16. La idea central es que Jesús es nuestro Sumo Sacerdote, y que, por lo tanto, dependiendo personalmente de él es cómo entramos en el reposo de Dios. Veremos más profundamente en las próximas semanas el concepto de sacerdocio del Antiguo Testamento y cómo Jesús lo cumple. Por ahora, es suficiente saber que, como nuestro Sumo Sacerdote, Jesús es el Único a través del cual recibimos la misericordia y gracia de Dios.
“Misericordia” significa no recibir el castigo que merezco. Cuando el policía te detiene por exceso de velocidad y te deja ir con una advertencia, eso es misericordia, no te impuso la multa que merecías. “Gracia” significa obtener el favor que no mereces. Si el policía también reparara tu neumático desinflado y te diera un sándwich y te escoltara hasta tu destino, eso es gracia; te dio la ayuda que no merecías.
El autor está diciendo que necesitas tanto la misericordia como la gracia de Dios, y que Dios está ofreciéndote tanto la misericordia como la gracia a través de Jesús y solo Jesús. ¡Este es el reposo de Dios!
Necesitas la misericordia de Dios porque has violado su ley innumerables veces y mereces su condenación.
No tienes recursos para salir de este dilema. Puedes insistir en que eres una buena persona o que Dios no te juzgará, pero eso es simple “pensamiento mágico”. Puedes depender de observar los rituales religiosos o hacer buenas obras, pero Dios dice que esto nunca puede quitarte la culpa.
Tu única esperanza de misericordia es Jesús. Solo Jesús vivió la vida perfecta que debes a Dios, y solo Jesús se sacrificó como un pago perfecto por tu culpa. Cuando admites humildemente tu culpa a Dios y dependes solo del sacrificio de Jesús, encontrarás misericordia. Dios te libertará para siempre del juicio que mereces. No importa cuántas veces lo arruines después de confiar en el sacrificio de Jesús, no tienes que temer el juicio de Dios. Es un “reposo” maravilloso saber que este problema está resuelto permanentemente. ¿Has entrado en el reposo de Dios haciendo esto? Si no, ¿por qué no hacerlo hoy?
Pero a través de Jesús recibes más que la misericordia de Dios, también puedes recibir su gracia. Es decir, puedes recibir la ayuda de Dios que no mereces.
Ahora bien, esto no significa tener a Dios para que te ayude a hacer lo que quieras y obtener lo que quieras. Esto te convierte en Dios y convierte a Dios en tu mayordomo. Sino que es la ayuda que necesitas (pero no mereces) para servirle y seguir su voluntad para tu vida (“trono”). Esta es la ayuda para superar la tentación, tener su amor para dar a otros, recibir su guía para hoy, consolarte y animarte cuando estás desanimado, recibir la sabiduría y poder para impactar a otros con la presencia de Dios, etc.
Esta ayuda está disponible en cualquier momento que la necesites (que es siempre), y aunque nunca la merezcas. Todo lo que tienes que hacer es venir a Dios a través de Jesús y pedírselo, creyendo que está dispuesto y tiene el poder para dártelo. Mientras más regularmente hagas esto, más experimentas su ayuda inmerecida, y cuanto más humildemente confíes en que siempre te ayudará. Esto es entrar en el reposo de Dios, y es una vida de paz y esperanza e incluso gozo en medio de las tormentas de la vida. Este reposo está disponible para ti, ¿lo tienes en cuenta?