A modo de introducción, aquí en el capítulo 17 vemos a Moisés bajo una nueva luz. Se enfrenta a un nuevo reto. No el desafío de ser sobre estimulado y todo se está torna loco. Las diez plagas y todo eso. El faraón y la división del Mar Rojo. Ahora, está enfrentando el desafío de cómo liderar a miles de personas gruñonas, llevarlas por el desierto con todas sus necesidades, peligros, sus murmuraciones, sus críticas. Hemos visto esto y hemos visto el asunto del propio enojo de Moisés salir aquí. Esto lo está agotando. Es el problema de la rutina. Y ¿cómo es que Moisés pudo liderar al pueblo de Dios en el desierto por varias décadas? Él lo hizo. Y lo hizo por 4 décadas. Y ¿cómo lo hace? Bueno, él aprendió varias lecciones aquí en los capítulos 17 y 18.
En el capítulo 17:8, los amalecitas vinieron y atacaron a los israelitas en Refidín. Ahí es donde quedamos la semana pasada. Si recuerdan, los israelitas cruzaron el Mar Rojo, fueron a Mara y a Elim y luego a Refidín, van hacia el sur de la Península del Sinaí, tratando de llegar al Monte Sinaí en particular. Y los amalecitas que vivían en esta región de la Península del Sinaí comienzan a atacar. Estos eran parientes lejanos de los israelitas, a través de Esaú no de Jacob. Y ahora están atacando a los israelitas. ¡Bastante mal! Este pueblo era malo. Sé que, en nuestra cultura posmoderna, no nos gusta decir cosas como esa, oh, esa gente es malvada.
Sí, una persona puede ser malvada como Jeffrey Dahmer o Ted Bundy, ellos son malvados. Pero este pueblo eran gente depravada. Lo leemos en Deuteronomio 25:17-18, ‘Recuerda lo que te hicieron los amalecitas después de que saliste de Egipto: cuando estabas cansado y fatigado, salieron a tu encuentro y atacaron por la espalda a todos los rezagados. ¡No tuvieron temor de Dios!’ Así que los amalecitas no quisieron ir de frente para atacar a los israelitas, quizás porque eran un pueblo más pequeño, no lo sé. Pero fueron por detrás y trataron de derribar a los ancianos. Derribaron a los ancianos, a los niños y a los rezagados, a los sedientos y deshidratados. ¿Con qué propósito? Porque eran un pueblo malvado.
Así que, leemos que Moisés dijo a Josué escoge a algunos de nuestros hombres y vayan y cojan a esos amalecitas. Mañana me pondré en la cima de la montaña con la vara de Dios en mis manos. Josué debe haber pensado, voy a ir, y tú vas ¿adónde? Vas a ir con tu vara a la montaña. Así que, yo voy a la batalla, pero tú vas a tomar la vara. Tú vas a la segura, te vas con tu vara a la montaña y yo voy a la batalla con las espadas y el pueblo, pero tú vas a estar seguro en la montaña, ¿cierto? Solo quiero estar seguro de que he entendido bien. Lleva la vara con él. Hemos visto la vara antes, ¿no es cierto? Esta es la misma vara que Dios usó para tragarse a las serpientes de los magos de Faraón, para convertir el río Nilo en sangre, para golpear la tierra, para traer las plagas, para separar las aguas del Mar Rojo.
Y esta es la vara, la misma vara que Moisés va a llevar a la montaña, para supervisar el valle y la batalla. Así que, Josué peleó con los amalecitas como Moisés le ordenó, y Moisés, Aarón y Hur fueron a la cima de la montaña. Tan pronto como Moisés levantaba sus brazos con la vara, los israelitas iban ganando la batalla. Pero cuando bajaba sus manos, los amalecitas ganaban. Así que, Moisés bajaría sus brazos y los amalecitas ganarían, y luego él los volvía a levantar esforzándose. Él era un hombre de 80 años a estas alturas. Y entonces los israelitas ganaban y luego perdían, y así vez tras vez. Y la batalla se ganaba o se perdía basada en si Moisés podía mantener la vara sostenida en el aire.
Se estaba cansando, así que tomaron una piedra y la pusieron debajo de Moisés para que se sentara. Para que se sentara antes que se cayera. Aarón y Hur sostenían sus manos en alto, uno por un lado y el otro por el otro lado. ¿Se imaginan eso? Incluso para un fornido como yo [jajaja], mantener esa vara por sobre mi cabeza por varias horas, ¿cuán duro sería? ¡Este tipo tiene 80 años! Debe haberle dolido. Pero los otros que estaban ahí. Aarón tenía 83, no sé cuántos años tenía Hur. Aparece luego en la narración. Debe haber sido mayor. Tres hombres mayores ahí, ayudándose unos a otros. Tratando de mantener la vara en alto.
Como resultado, las manos de Moisés permanecieron fuertes hasta la puesta de sol, así que, Josué derrotó al ejército de los amalecitas con la espada. Entonces el Señor le dijo a Moisés, escribe esto en el rollo. Es algo que deben recordar. Y asegúrate que Josué lo escucha, porque voy a borrar completamente el nombre de Amalec de debajo del Cielo. Los amalecitas querían borrar completamente a los israelitas de debajo del Cielo.
Leemos en Salmos 83:4, que los amalecitas y estos otros grupos estaban tratando de hacer desaparecer, borrar a los israelitas. Sin embargo, Dios dijo, cualquiera que te bendiga, lo bendeciré. Y cualquiera que te maldiga, lo maldeciré. Así que Dios está diciendo, ellos están tratando de borrarlos a ustedes, yo voy a borrarlos a ellos. Y Dios cumplió su palabra. ¿has conocido a los amalecitas alguna vez? Yo nunca. ¿Has conocido a un judío alguna vez? Conozco a muchos. Muchos de mis amigos en la secundaria eran judíos. Todavía hoy tengo algunos de ellos. Todavía existen, 3500 años más tarde. Y los amalecitas están desaparecidos. No existen, es justo como Dios lo dijo. Moisés construyó un altar y lo llamó, ‘el Señor es mi estandarte’. Porque manos fueron levantadas contra el trono del Señor, el Señor estará en guerra contra los amalecitas de generación en generación. Sí, así fue.
Años más tarde, Números 14. Los amalecitas volvieron. 400 años más tarde bajo el rey Saul. Ellos volvieron nuevamente. Y aquí están los edomitas en el tiempo de los amalecitas. Esta fue una batalla continua. Eventualmente, Dios dijo, derribaré a este pueblo de generación en generación.
Detengámonos por un momento aquí al final del capítulo 17. ¿Qué se supone que tenemos que aprender sobre cómo Dios trabaja a través de las personas? A esto es a lo que los teólogos se refieren como intervención humana. Ser un agente humano es que Dios usa tu intervención para impactar la vida de otra persona. Y de acuerdo a la Biblia, Dios es soberano. Uno de los términos más malentendidos en toda la teología. Nadie parece saber lo que significa. Dios es soberano, ¿qué significa? A Él le pertenece todo en el universo, y lo que sea que escoge hacer, lo hace.
Algo de ese escoger de Dios podría ser dar a las personas genuino libre albedrío. Si fuera algo menos que soberano, como lo dice un teólogo, Él no se arriesgaría a darle libre albedrío a las personas. Nuestro dios, menos que soberano no se arriesgaría. Al Dios soberano de la Biblia le pertenece todo, escoge lo que sea que quiere, realiza lo que sea que quiere realizar. Pero ¿qué es lo que Él quiere? Lo que quiere es dar a las personas genuina intervención humana y libertad. ¿Cómo es que él trabaja a través de las personas? Bueno, no es muy alucinante.
1. Dios trabaja a través de la debilidad.
Vemos esto con Moisés, él tiene 80 años. Ya pasó la plenitud de su vida, en este punto. Tú esperarías que un hombre joven sea parte de esta lucha y liderazgo de este pueblo. Esta es una empresa para un hombre joven. Liderar esta innumerable cantidad de personas sacándolas de Egipto y llevándolas a través de la península del Sinaí, y eventualmente, hacerlas entrar en la Tierra Prometida de Canaán. Y, sin embargo, Dios espera 8 décadas para que Moisés comience a liderar para él. En este punto, él es débil. Dios escoge a un hombre débil. También escoge un inerte pedazo de madera. Ya saben. Vamos a la batalla contra estos sicomalignos amalecitas. ¿Qué quieres decir con sicomalignos? Bueno, están acabando con los ancianos, los niños y los rezagados. Están locos. Ok, ¿qué tenemos? Tenemos algo así como catapultas, arcos. Arcos, ¿puede ser? Cualquier cosa como espadas, cualquier cosa afilada. Tenemos una vara, tenemos la vara, tenemos un inerte pedazo de madera. Eso es lo que tenemos de nuestra parte.
Y por alguna razón a Dios le gusta usar cosas así. Solo Dios sabe por qué. Aparentemente el poder de Dios es más manifiesto en cosas que son débiles. Si te escaparas de la cárcel, usando una C4 y, no sé, un cuchillo y una pistola o lo que sea, eso estaría bastante bien, supongo. Pero si escaparas de la cárcel con solo un clip, un pedazo de goma, el envoltorio de un chicle… si de alguna manera pudieras hacer eso, sería como… guaaauu, ¿cómo escapaste de la cárcel? Con un clip. ¡Debes ser realmente increíble! Si usas un mísero, diminuto clip para escapar de la cárcel, ¡debes ser increíble!
Y cuando miras esto, es como… ¿él uso un inerte pedazo de madera? Eso es lo que usó. Debe ser increíble. Usó a un anciano de 80 años. Debe ser increíble para poder hacer eso. Así que, ¿cuál es el secreto aquí? Moisés solo tiene que tener sus manos en alto. ¿Tienes alguna idea de cuán estúpido debe haberse sentido estar así por más de una hora? Como… bien, estamos ganando de nuevo. Pero Dios, mis deltoides (músculos del hombro), ooh me duelen… Solo que no se siente como que estás haciendo mucho. Minuto a minuto, hora tras hora. No se siente como un montón. Estás sosteniendo esa vara y no se siente que pudiera estar haciendo un impacto.
Todo esto, por supuesto, es una imagen de la oración intercesora. No dice que él estaba orando, por supuesto. El Salmo 63 dice que cuando las personas en Israel oraban, levantaban sus manos. Yo diría que lo que Dios está haciendo aquí es mostrar que era una consecuencia de vida o muerte si Moisés levantaba la vara o no. Y esto era una forma de mostrar que, si vas a dar un paso de fe, entonces vas a ganar esta batalla, pero si no lo haces, las personas van a morir. Y lo mismo es verdad con la oración. Cuando te sientas a orar, sientes como que no estás haciendo mucho. ¿Qué estoy haciendo sentado aquí? Debería estar haciendo algo importante. Y, sin embargo, aquí lo vemos. Moisés estaba haciendo la cosa más importante que podía hacer. Mucho más importante que cualquier otra cosa. Y cuando nos sentamos a orar, tenemos que quitarnos ese pensamiento de la cabeza. Tengo que hacer algo importante. ¡Estás haciendo algo importante! ¡Estás orando! Y vas y levantas a las personas que conoces en oración, soltando el poder de Dios.
¿Qué otra cosa tenemos que aprender sobre cómo Dios trabaja a través de las personas?
2. Dios trabaja a través de agentes humanos. Moisés tenía un rol. Cuando sus manos estaban arriba, ellos ganaban, cuando estaban abajo, ellos perdían. Eso es intervención humana. Es lo que estamos viendo aquí. Las personas dicen, bueno supongo que no importa si tengo un rol o no. Dios es soberano. Supongo que, si aparezco por ahí esta noche o no, ¿qué importa realmente en el esquema de las cosas? Si participo esta noche o no. Como esta sala aquí. Acabamos de enviar a todo un batallón de personas al ministerio de adultos, por eso vemos asientos vacíos. Ahora tenemos esta oportunidad, de que las personas participen, compartan, comenten, oren, sean parte de esta reunión. Sí, podríamos estar sentados aquí pensando, oh sí, pero todavía hay un montón de personas aquí. ¿Qué importa que yo comparta o participe? ¿Qué importa si yo aparezco esta noche para ofrendar y servir?
Eso es falso. ¡Tienes un rol, un rol indispensable que Dios va a usar! Así fue con Josué. No creo que Moisés, si solo sostenía esa vara, ellos hubieran ganado esa batalla. También necesitaba a Josué que hiciera su parte. De la misma manera, cuando voy y oro por mi amigo, él tiene que ir y seguir hasta el final. Tiene que salir y verdaderamente comenzar a vivir por fe. Voy a orar, pero no puedo orar para hacer que él haga algo. Puedo orar que las puertas se abran, para que él sea valiente, pero él tiene que jugar su rol también. Así que, Aarón y Hur lo hicieron.
Pensemos en esta imagen aquí, hombres al final de sus vidas, por decirlo así, y, sin embargo, se juntaron tratando de ayudarse unos a otros. ¡Vaya rol! ¿Qué hubiera pasado si Aarón y Hur no hubiesen estado ahí para ayudar a Moisés a levantar esa vara?
3. Dios trabaja a través de entrenar a otros. Aquí vemos la introducción de una figura bíblica muy famosa. Estoy hablando, por supuesto de Josué, y un libro con su nombre. Está en todo el Pentateuco, los primeros cinco libros de la Biblia. Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Siempre está por ahí. Es llamado el ayudante de Moisés. Algunas traducciones dicen el siervo ayudante. Es el reemplazo de Moisés, para hablar en términos de teatro. Está ahí para aprender de Moisés. Y dondequiera que iba Moisés, era como… bien, Josué ven conmigo, eres un hombre joven y te voy a enseñar cómo hacer esto. Y siempre iba con Moisés, a dondequiera que Moisés iba.
Por eso lo vemos en los cinco libros de Moisés. Y durante estos tiempos, Moisés enseñaría a Josué cómo acercarse a Dios, y en un punto leemos en Números 27, ‘Josué hijo de Nun, que es un hombre de gran espíritu’. Cuando Moisés bajó con los 10 mandamientos, cuando Moisés estuvo en contacto con la shekina de Dios. La gloria de Dios. Y brillaba en su rostro. Él entraría en su tienda y Josué entraría con él. Y conversarían. ¿Cómo fue hablar con Dios? ¿Cómo fue? Moisés estuviste en la montaña. Yo estuve en el borde de la montaña, pero tú estuviste ahí. Me refiero a que estuviste arriba. ¿Cómo fue estar ahí con Dios? Moisés estaba enseñándole a través de toda esta experiencia. Le enseñó a Josué cómo liderar a un pueblo bastante rebelde.
Pero no hemos terminado todavía. Éxodo 32. Vamos a ver brevemente que Josué está con Moisés y bajan y escuchan este clamor y escándalo y ruido y no saben qué es. Y Josué era un soldado, era un general. Así que dice, creo que escucho una batalla, y Moisés dice, eso no es una batalla. En cambio, era que el pueblo israelita estaba adorando al becerro de oro. Y esa fue una lección para Josué ahí mismo, ver cómo Moisés manejaría esa situación. Le enseñó liderazgo. También le enseñó a Josué a crecer en su fe.
Cuando llegamos a Números 14, Moisés escoge a Josué, Caleb y a otros espías, y les dice, vayan espíen la tierra. Vamos a entrar en esa tierra, ¿cierto? Dios lo prometió. Él nos la dio. Hablando en pasado, es algo hecho. Josué y Caleb son los únicos que vuelven y dicen, podemos tomar la tierra. El resto de ellos dicen no, los hombres dan miedo, son demasiado grandes, aterradores, espantosos. Josué y Caleb, están en el lado correcto del asunto, y son los únicos que, de hecho, entran en la tierra prometida y de ahí es de donde viene Josué, su fe es edificada, su confianza.
Así que, entrenar a otros, y finalmente Moisés entrena a su discípulo Josué, su reemplazo para que se haga cargo, y la nación de Israel tiene un futuro muy brillante, como vemos bajo el liderazgo de Josué. Aunque la dificultad que vemos es, ¿a quién entrenó Josué para que le reemplazara? ¿Respuesta? A nadie. Y después del libro de Josué, llegamos al libro de Jueces donde cada uno hacía lo que les parecía bien a sus propios ojos. Y Josué nunca entrenó a un reemplazo. En cambio, había estos jueces esporádicos que aparecían. Y se produce un ciclo de clamar a Dios y Dios rescata al pueblo. Y luego, se pone peor, peor, peor. Se convierte en una espiral hacia abajo, abajo, abajo hasta que finalmente, es tan miserable… No quiero arruinar el final. Tienen que leerlo ustedes mismos. Pero al terminar el libro de Jueces, hay tanta depravación que el autor concluye con, cada uno hacía lo que les parecía bien a sus propios ojos, porque no había rey en Israel.
Era un liderazgo positivo y Josué no hizo nada. Él mismo hizo un gran trabajo, fue un superestrella, pero no hizo el trabajo de entrenar a un reemplazo como lo hizo Moisés. La intervención humana. Muy, pero, muy importante.
Veamos el segundo capítulo, el capítulo 18:1. Jetro, si recuerdan en Éxodo 2:18, lo llaman Reuel, son dos nombres diferentes, no poco común en la Biblia. Jetro, el sacerdote de Madián, también referido como el suegro de Moisés, escuchó todo lo que Dios había hecho para Moisés y para su pueblo Israel, y cómo el Señor había sacado a Israel de Egipto. Después que Moisés despidió a su esposa Séfora, su suegro la recibió y también a sus dos hijos. No puedo creer a los comentaristas y eruditos que dicen, bueno, ese es lenguaje de divorcio. Más tarde, en el Antiguo Testamento, Deuteronomio 24, ‘le das un certificado de divorcio’. Así que, Moisés se divorció de Séfora. No, sigan leyendo el texto. Todavía están casados. Pienso que ella podría haber muerto, son mayores, pero vuelven a estar juntos. Lo que estamos viendo aquí es que Moisés o le dijo, está bien querida, niños, voy a enfrentar al faraón, y les dijo, no vengan porque va a ser peligroso, o quizás ellos dijeron, no queremos ir, eso suena intimidante. Así que, en este punto, hay líneas de comunicación entre Madián y Egipto. Jetro escucha sobre esto, porque es claro, y trae a Moisés su esposa y sus dos hijos de vuelta.
Jetro, los hijos de Moisés y su esposa vinieron a él en el desierto, no divorciados, donde él estaba acampando cerca del monte de Dios. Así que, Moisés salió a recibir a su suegro, y se inclinó y le besó. Se saludaron el uno al otro, y luego entraron en la tienda. Moisés le contó a su suegro acerca de todo lo que el Señor había hecho al faraón y a los egipcios para liberar a Israel.
Le contó a Jetro todas las dificultades que habían tenido en el camino y cómo el Señor los había salvado de todas ellas. Jetro estaba encantado de escuchar acerca de todas las cosas buenas que el Señor había hecho por Israel, al rescatarlos de la mano de los egipcios. Él estaba escuchando estas historias. Que el Nilo se volvió ¿qué? El Nilo. ¡El gran río! ¿Qué? Oh, y luego, ¿qué pasó? Luego, oré de nuevo y volvió a ser el Nilo. Y luego, ¿qué paso después? Las ranas, trajo ranas. ¿Ranas? ¿Dónde? Ranas por todos lados, Jetro. Estaban por todos lados. Y las moscas, deberías haber visto las picadas de las moscas en el pueblo. Y luego, el granizo. Después el Mar Rojo y Jetro estaba… oh, oh, oh. Finalmente, exclama, y dice, ¡Alabado sea el Señor Jehová! Que te rescató de la mano de los egipcios y del faraón. Y rescató al pueblo de Israel de la mano de los egipcios. Ahora sé que el Señor es más grande que todos los otros dioses.
¿Quién es Jetro? Un sacerdote madianita. No era un creyente en el único Dios. Era un simpatizante. ¿Saben de lo que hablo? Moisés dijo tengo que ir y se fue. Sé que trabajo para ti, Jetro, pero tengo que irme. Debo ir a enfrentar al faraón. Jetro se quedó… Ok, oraré por ti. Buena suerte con eso. Y hay una cosa que decir, tengo que ir. Tengo un llamado de Dios, pero ¡de volver! Sí, esto era de verdad. Él se dio cuenta. Dios es real, a través de lo que vio. Entonces Jetro trajo una ofrenda encendida y sacrificios a Dios. Este es el Dios verdadero, no los falsos dioses de los que hemos estado escuchando en el cercano antiguo oriente. Aarón vino también con los ancianos de Israel a comer con el suegro de Moisés en la presencia de Dios.
Al día siguiente Moisés se sentó para servir como juez al pueblo. Esto nos recuerda Éxodo 2:14. ‘¿Y quién te nombró a ti gobernante y juez sobre nosotros?’ Y aquí vemos a Moisés como juez. Finalmente, Dios lo trajo a este punto. Todo el pueblo estaba alrededor de Moisés desde la mañana a la noche. Él juzgaba los casos. ¿Cómo suena esto? ¡Terrible! Terrible lidiando con los problemas del pueblo todo el día. Moisés estaba haciendo esto todo el día. Se levanta, toma su café, sale el sol, va y dice, bien, ¿quién robó la oveja? ¿Cuántas ovejas había ahí? Y tú eres el dueño, bien. El siguiente… y están viniendo uno tras otro. Piensen, en este punto, los israelitas han estado huyendo, tienen muchos casos acumulados.
Cuando has estado huyendo del faraón no traes tus asuntos de ovejas y burros. Pero ahora, ahora sí hablamos de eso. Además, ellos no tenían derechos antes porque eran esclavos. Como nosotros tenemos derechos ahora. Quiero que escuches mi caso, Moisés. Eso suena… ooh. Versículo 14, ‘Cuando su suegro vio cómo procedía Moisés con el pueblo, le dijo: Pero ¡qué es lo que haces con esta gente! ¿Cómo es que solo tú te sientas, mientras todo este pueblo se queda de pie ante ti desde la mañana hasta la noche?’ ¿Por qué? ¿Por qué tienes que ser el único? ¿Qué haces? Entonces, Moisés dijo, ‘Es que el pueblo viene a verme para consultar a Dios. Cuando tienen algún problema, me lo traen a mí para que yo dicte sentencia entre las dos partes. Además, les doy a conocer las leyes y las enseñanzas de Dios.’ Y Jetro que es un nuevo creyente en Dios, tiene la audacia de volverse a Moisés y decir, ‘No está bien lo que estás haciendo, pues te cansas tú y se cansa la gente que te acompaña.’
Oh, esto no solo es malo para Moisés, sino para el pueblo también. Piensa en eso. Tengo un problema con el gobierno o algún tipo de asunto legal, y tengo que sacar un ticket y esperar en la fila por un año hasta que finalmente pueda hablar con Moisés. Hay muchos casos aquí. Para ese tiempo, las ovejas van a estar muertas. Y así, el caso está cerrado. No sé. Esto no es bueno para el pueblo. No es bueno para ti. El trabajo es demasiado pesado para ti. No puedes manejarlo tú solo. Esto es lo que deberías hacer. Deberías continuar siendo el representante del pueblo delante de Dios. No dejes de traer sus disputas a Dios. ¿Cómo sería eso?
El representante delante de Dios, trayendo las disputas del pueblo delante de Dios. Eso es la oración. Tampoco dejes de darles a conocer las leyes y las enseñanzas de Dios. Muéstrales cómo conducir sus vidas. No dejes de enseñar la palabra. No deberíamos dejar eso de ninguna manera. Pero en cambio, escoge hombres capaces de entre todo el pueblo. Mira, estas son las cosas más importantes para que hagas. Orar y enseñar la Palabra de Dios. Esas son las prioridades uno y dos, y ni siquiera sé en qué orden deben ir.
De la misma manera que los Apóstoles en Hechos 6. Cuando hay un gran conflicto entre ‘los judíos de habla griega contra los de habla aramea de que sus viudas eran desatendidas…’. Ellos dijeron tenemos que escoger algunos hombres de buena reputación, porque no podemos distraernos de la oración y de la enseñanza de la Palabra de Dios. Ahora, en nuestro contexto, se supone que todos enseñen, se supone que todos pueden orar. Leemos en Números 11:29 ‘Pero Moisés le respondió: ¿estás celoso por mí? ¡Cómo quisiera que todo el pueblo del Señor profetizara, y que el Señor pusiera su Espíritu en todos ellos!’ Oh, eso fue profético en sí. Porque ahora se supone que todos enseñen unos a otros con toda sabiduría y enseñanza, Colosenses 3:16.
Sin embargo, en este punto de la historia, ni siquiera tenían una Biblia. Una Biblia naciente. Éxodo 17:14, ¿cierto? ‘Pon esto por escrito en un rollo de cuero’. Era escribir lo que pasaba. Eso era todo lo que tenían como Biblia. Y la mayoría era analfabeta. Así que, ¿quién tenía que ser el maestro de la Biblia? Era Moisés, o Moisés. Esas eran las dos personas que podían hacerlo. Oración, oración. Oración individual. No bien enseñada en el Antiguo Testamento. ¿Cómo lo hacemos? Se nos muestra en los Salmos. Vemos ejemplos en Daniel, Nehemías, pero nunca se nos dice cómo hacerlo individualmente. Moisés parece saber cómo hacerlo. Así que, orar y enseñar, no deberíamos descuidar esto. En cambio, dice, ‘Elige tú mismo entre el pueblo hombres capaces y temerosos de Dios, que amen la verdad y aborrezcan las ganancias mal habidas, y desígnalos jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez personas. Así que, no escojas a cualquiera. Escoge buenos líderes, ‘que funjan como jueces de tiempo completo, atendiendo los casos sencillos, y los casos difíciles te los traerán a ti. Eso te aligerará la carga, porque te ayudarán a llevarla. Si pones esto en práctica y Dios así te lo ordena, podrás aguantar; el pueblo, por su parte, se irá a casa satisfecho’.
Moisés escuchó a su suegro e hizo todo lo que él dijo. Escogió hombres capaces de entre todo Israel. Los hizo líderes del pueblo sobre mil, cien, cincuenta y diez personas. Ellos servían como jueces para el pueblo todo el tiempo. Los casos difíciles los traían a Moisés, pero los simples, los resolvían ellos mismos. Y concluimos que Moisés ‘despidió a su suegro, quien volvió entonces a su país’.
¿Qué aprendemos aquí en el capítulo 18 sobre liderazgo? Primero, Moisés aprendió a delegar. Digo esa palabra, y muchos de ustedes comienzan a encogerse. Oh, odio esa palabra, delegar. Dar el control a otros. No saben qué están haciendo. No saben cómo hacer esto de la misma manera que yo puedo. Esto es lo que Moisés debe haber estado pensando. Soy Moisés. Hablé con Dios cara a cara, Éxodo 33. Recibí los decretos de Dios, y ¡¿se supone que confíe los decretos de Dios a estos cabezas de chorlito para que estén a cargo de mil, cien, cincuenta y diez personas como me dice que lo haga?!
Eso es exactamente lo que Dios te está diciendo que hagas. No es bueno que te canses desde la mañana a la noche. No es bueno. Pero, estoy sirviendo al Señor. Me alegro de escuchar eso. Y sabes que la Biblia enseña que me desgaste por Cristo. Dios se siente bien cuando pones tu cabeza en la almohada después de un largo día de servir al Señor. Dios siente bien que des tu vida para otros. Transportando personas, animándolas y edificándolas. Enseñándoles. O cualquier cosa. Y te acuestas en la noche… oh, se siente bien. Y esa es la voluntad de Dios para tu vida, trabajar y esforzarse con la energía que él nos provee. No tengo problema con eso.
Tengo un problema con excederse haciendo eso. ¿Cómo sabrías si te estás excediendo al punto donde te colapsas a ti mismo? Estás haciendo tanto que es extenuante. No es bueno. Es muy pesado. No puedes manejarlo. Pero en tu arrogancia y orgullo, eso debe ser lo que es. Tiene que ser lo que es. En tu orgullo, estás diciendo, soy el único que puede hacerlo. ¿Por qué más le darías a alguien una oportunidad? Que ellos tengan la posibilidad de servir. ¿Por qué Moisés pudo vivir hasta los 120 años? Sirvió al Señor más de cuarenta años.
¿Por qué es eso? Es porque no trabajó hasta quedar hecho polvo. Fue capaz de correr una carrera por largo tiempo. Lo que vemos de Jetro es bastante sabio. Moisés está viendo a este pueblo, los problemas, como que odia a la gente con sus asuntos. Están siempre argumentando, peleando, riñendo, criticando y murmurando. Y Jetro dice, así que, ¿ese es tu problema? Bien, eso no es un problema. Son gente histérica. Y Jetro mira el problema y dice, Moisés, ese no es tu problema, es tu solución. Las personas que están murmurando, las personas que son así, anda donde esas personas, de esas personas toma a algunos que puedan ayudarte a liderar al pueblo. Así que, cuando tengamos la sensación de estar sobrepasados, una de las cosas es que deberíamos detenernos, hacer una pausa y decir, ¿cómo podemos hacer que este problema sea la solución?
Bueno, en realidad, pueden empezar a buscar o empezar a ayudar en este trabajo. Muy, muy esclarecedor de parte de Jetro. Podrías decir que es un buen líder, me hubiera gustado que se quedara con Moisés. Pero volvió a Madián para poner en práctica la adoración a Dios. Probablemente, hubiera sido un buen conciliador para Moisés, pero se va.
Segundo, Moisés no se excedió en delegar. Eso es lo que pasa. Algunas personas todavía controlan, tienen que hacer todo por ellos mismos. Tengo que hacer todo y decidirlo todo, arreglarlo todo, hacer todo, y entonces, luego, entonces están bien. Pero, estoy agotado, así que tengo que delegar. Así que, lo que hacen es, ¡no voy a hacer nunca nada más! Voy a dárselo a otro, de cualquier manera, tú, no te conozco, ¿cuál es tu nombre? Tú puedes manejarlo. Y todo, todo es desparramado por todos lados. Excederse en delegar, es peor. ¡Buen trabajo! Lo has estropeado completamente. Así que, las personas dicen, bueno, nunca voy a delegar de nuevo. Esta bien, no deleguen lo que es importante, lo que solo tú puedes hacer. En este caso, para Moisés, fue enseñar modelando. Hoy, eso no es verdad acerca de nosotros. No puedes decir, soy el único que tiene que enseñar cada semana, o lo que sea. Bueno, nadie debería caer en eso.
Otras personas deberían servir. En este punto, eso era algo que solo Moisés podía hacer. Si alguien más puede hacer el trabajo que estoy haciendo, ¿por qué no dejarlos que den un paso adelante? Bueno, podría ser que no fueran tan buenos. Yo no era tan bueno, pero tomé el cargo de alguien más. Y gracias a Dios que no somos tan estrictos que tenemos que decir pelea por el puesto de capitán todo el tiempo. Pero, estamos dejando que otras personas lo intenten. Excederse en delegar sería escoger pésimos líderes. Así que, ¿serías responsable por esto? Sí, no tienen idea de lo que están haciendo. Tú lo entregas, en realidad se convierte en más estrés, cuando le entregas cosas a una persona que es irresponsable. Por eso que las personas evitan delegar. Porque hubiera sido más fácil si lo hubiera hecho yo en primer lugar.
No, no, no, no, no. Si habías escogido una buena persona en primer lugar, tu problema fue tu pésimo discernimiento y sabiduría que escogiste a una persona insensata para hacer esto, deberías haberla escogido a ella y no a él. Él es un imbécil. No sabe lo que está haciendo. Ella es ingeniosa, sabe lo que está haciendo. Si hubieras escogido un líder de calidad esto habría sido bueno y quizás tenías que hacer un poco de entrenamiento. No mucho. Y ahora esta persona va a salir disparando como un petardo.
Moisés reservaba los casos más difíciles para él. Él no cargaba a otro con esto, eso es ser cobarde, eso es hacerle el quite. Bueno, esto es realmente serio, que da miedo, y no quiero lidiar con esto. Así que, voy a delegar esto, voy a dejar que alguien más ahí tome el asunto. No, aún tenemos que lidiar con estos asuntos, en nuestro servicio para Cristo. Sin embargo, otros asuntos, ¿por qué no podemos dejarlos ir? ¿por qué no dejamos que otras personas se involucren? Delegar y más delegar.
Y finalmente, nuestra lección de liderazgo de Moisés es la humildad.
Humildad. Moisés tenía que admitir, por sí mismo y por todo el pueblo, que no podía hacerlo solo. ¿Sabes lo difícil que es decir…? Oye, estoy hablando con otras personas. Necesito ayuda. Que necesitas ¿qué? No me hagas repetirlo. No puedo hacer esto yo mismo. Necesito ayuda. Esto te pone en una posición muy humilde de admitir. ¿Me ayudarías? Y no permitir quejas. Se están quejando. Estoy haciendo todo el trabajo aquí, estoy haciendo esto y eso. Nadie ayuda. Nunca has preguntado. Nunca. Todo lo que has hecho es hacer que las personas se sientan pequeñas, hacer que las personas se sientan terrible acerca de sí mismos, juzgando. Nunca has pedido ayuda. Tienes que pedir ayuda. ¿Me ayudarías?
Finalmente, Moisés escucha a un nuevo creyente en Dios, Jetro. Moisés no descarta el asunto cuando Jetro le da esta excelente idea. Él dice, pensaré acerca de eso. Sí, tengo que orar por eso un poco más. Jetro, quizás no eres tan sabio como yo. Quizás ves las cosas diferentes. No sé, si en realidad tuvieras el perfecto matiz de eso, Jetro. La forma en que lo dices, para mí no estuvo muy bien. Pienso que realmente no entiendes. Mil, cien, cincuenta… y en realidad, ni siquiera hemos hecho grupos así.
No le buscó la quinta pata al gato en lo que Jetro dijo. Lo que hizo fue, escuchó y siguió todo lo que él le dijo. Moisés escuchó una buena palabra de su suegro, y escuchó, al punto que dijo estás en lo correcto, yo estoy equivocado. No importa la fuente del consejo. Lo que importa son los méritos del consejo. Así que, podría escuchar las opiniones de los cristianos nuevos en la sala, no importa. La pregunta es, ¿es verdad? ¿Tengo que escuchar eso?
Bueno, concluyamos con algunas preguntas. Está bien, está bien con ser débil. Pareciera que a Dios le parece bien eso. 1Corintios 1, Dios dice que él escogió a lo débil del mundo para avergonzar al fuerte. No lo entiendo, pero por alguna razón a Dios le gusta trabajar a través de personas débiles como nosotros. Sí, esto habla algo acerca de Su carácter. Cuando las personas ven a personas débiles, quebrantados, heridos, y los ven haciendo cosas milagrosas, con sus vidas enteras cambiadas… Está bien. A Dios le agrada la debilidad.
Pero la pregunta es, ¿estás intentándolo? Moisés podría haberse detenido ahí y dicho, Dios tengo 80 años. No puedo levantar esto por horas sobre mi cabeza. En cambio, él lo intentó. No podía, la vara se bajaba y lo intentó más veces y todavía no podía. Y le dijo, siéntate y entonces ellos te ayudarán. ¡Te ayudaremos! Pero ¿lo estás intentando? ¿Estás intentándolo y no puedes? O ¿solo estás diciendo…? Soy débil, estoy muy herido. Estoy hecho polvo. Lo arruinaría. Soy muy nervioso. Soy demasiado reservado. Demasiado inseguro. Soy muy introvertido. Soy muy extrovertido. Soy muy lo que sea. Nunca podría hacerlo.
Eso está diciendo que estás poniendo excusas como Moisés lo estaba haciendo en Éxodo 3 y 4. Eso es todo. Está bien ser débil. ¿valoras tu rol? O ¿menosprecias tu rol cuando se trata de intervención humana? Estoy seguro de que, si no voy esta noche, en realidad no importa. Sí, importa. 1Corintios 12:21 dice que, ‘El ojo no puede decirle a la mano: “No te necesito”’. Dices, ¿qué estás diciendo? ¿Dios me necesita? No, estoy diciendo que yo te necesito. El ojo no puede decir a la mano, no te necesito. Nos necesitamos unos a otros. Nosotros nos necesitamos, no Dios. Dios no me necesita, pero sí, nos necesitamos unos a otros. ¿Valoro ese rol? Pienso que es importante. ¿Es difícil pedir ayuda? ¿Recuerdas cuándo fue la última vez? Debes pedir bien específicamente a alguien, oye, eeh, no puedo hacer esto. Necesito ayuda. Estoy agotado. ¿Puedes ayudarme? No me refiero solo a algo vago, quiero decir hablar con alguien directamente. Necesito ayuda.
Finalmente, ¿quién o quiénes son las personas como un Jetro que te da consejo? Y ¿cuándo fue la última vez que tomaste su consejo? Escuchamos a las personas decir, sí, yo tomo el consejo, pero luego nunca lo hacen, nunca hacen nada. Ellos asienten de manera complaciente, sí, sí, buena idea. Nunca cambia. O las personas son hipercríticas de lo que otros dicen, que lo que tenemos que hacer es casi como un minero, cavar todo el carbón, la tierra y las piedras para que podamos encontrar lo que están compartiendo, ese pedazo de oro. Yo sé que hay mucho involucrado aquí, y no entienden. ¿Qué importa? Lo que voy a hacer es encontrar lo que necesito escuchar. Si tienen la valentía para hablar a mi vida. Quiero honrar eso tratando de encontrar eso que Dios tiene para mí a través de esa persona. ¿Cuándo fue la última vez que pusiste atención escuchando?